El TEM y el Ovolos, en #Grecia, y otros ejemplos de monedas complementarias

Posted on 23 Abril 2012

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En la ciudad portuaria de Volos, al sur de Grecia, los vecinos han puesto en marcha un nuevo modelo económico o, por lo menos, una propuesta para construirlo. Más de 800 personas (la ciudad tiene unos 140.000 habitantes) se han sumado ya al uso de una moneda local llamada Unidad de Alternativa Local o TEM. El TEM nació el pasado mes de junio de la idea de unos amigos y un mes después ya tenía 50 miembros. Uno de sus fundadores es el sociólogo Yannis Grigoriou, director de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Volos.

El TEM, cuyo valor equivale a un euro, no se imprime en papel, sino que los que deseen utilizarlo deben inscribirse de manera gratuita en el sitio web de la red de trueque. Allí disponen de una cuenta online en la que no puede acumular más de 1.200 TEMs ni retirar más de 300 de una sola vez. Los miembros de la red intercambian bienes y servicios (clases, visitas médicas, canguros, etcétera) que pueden también canjear por TEMs, de manera que los participantes pueden ir acumulando crédito. Algunas tiendas aceptan TEMs en forma de vales: por ejemplo, se puede pagar en TEMs un porcentaje del precio total del objeto que se quiere adquirir.

Las redes de intercambio o redes alternativas han comenzado a operar también en otras ciudades y pueblos, como Pieria, Chania, Lesbos, Ierapetra, en Rodopi y Heraklion.

También en la ciudad de Patras existe una red que funciona ya desde 2009. Se llama Ovolos a partir de una moneda griega antigua y también se basa en el intercambio de servicios, incluidos los servicios médicos.
La idea nació en enero de 2009 y la página de facebook en la que se hizo pública recibió rápidamente 5000 respuestas. Se trataba de crear una plataforma de servicios web que alcanzase a toda Grecia y pudiese extenderse por los países balcánicos.

Otras monedas complementarias en Europa

Las monedas complementarias pueden definirse como los sistemas que permiten reorientar los intercambios hacia el consumo útil, social y ecológico, tanto a nivel individual como colectivo. El objetivo de las monedas complementarias es restituir a la moneda su función facilitadora de intercambios, cuestionar el significado de aquello que se ha intercambiado y consumido y favorecer la reapropiación del control de la moneda por parte de los miembros de la red de intercambio. Algunos ejemplos de monedas complementarias:

El Chiemgauer: en Europa, uno de los proyectos más conocidos es el Chiemgauer, en la Alta Baviera, a unos 90 kilómetros de Múnich. Allí, en 2003, un profesor de secundaria inició un proyecto con sus alumnos para crear una moneda local. El proyecto se puso en marcha un año después y hoy en día es la moneda regional más exitosa de Europa. Su valor está en paridad con el euro (un euro: un Chiemgauer) y en la actualidad deben circular un poco más de millón y medio en esa parte de la región (En 2010 las estadísticas recogían 1.458.119 Chiemgauer en circulación). Su éxito se basa en que no sirve para ser acumulada, si no se usa en 3 meses pierde su valor y hay que pagar un 2 por ciento de cada Chiemgauer para validarlo y ponerlo de nuevo en circulación.

El sistema fue concebido para crear una relación en la que todos los que participan salen ganando: las ONGs, los consumidores y las empresas locales, pues este medio de intercambio promueve la producción y el consumo local:

Las ONGs compran 100 Chiemgauers (100€) a 97€y los venden a los consumidores a 100€, ganando como consecuencia 3€ para gastar en sus propias actividades. Los consumidores compran 100 Chiemgauers a 100€ y los gastan en tiendas locales a su valor nominal, donando el 3 por ciento de su consumo a las ONGs locales sin gastos suplementares. Las empresas locales aceptan 100 Chiemgauers y los gastan en otras empresas locales o los reconvierten en 95€, pagando el 5 por ciento de comisión. Se considera que el 5 por ciento de comisión es el costo de publicidad y los negocios pueden atraer así más consumidores que quieran ayudar su comunidad.

El Toreke nació en 2010 en el barrio Rabot-Blaisantvest, de la ciudad de Gand. Es distribuido como compensación por actividades que mejoran la vida de la comunidad y embellecen el barrio: limpiar y mantener áreas verdes, colocar flores en sus ventanas o en espacios públicos, animar actividades deportivas, proteger el medio ambiente, etcétera. Inicialmente, los Torekes permitían pagar el alquiler de un espacio para tener un pequeño huerto familiar. Actualmente, se utilizan también para pagar en tiendas afiliadas al proyecto, el transporte público, ir al cine, etcétera. Durante el primer año, 40.340 Torekes (equivalentes a 4.034 euros) fueron intercambiados entre 371 participantes.

El SEL y el SOL: en Francia, el primer SEL (Système d’Échange Local) aparece en 1994, inspirado en los LETS (Local Exchange Trade System), que aparecieron en Canadá en 1983. Hoy el país galo cuenta con más de 350 sistemas de trueque que se definen como “grupos de personas que practican el intercambio de bienes, servicios y saberes a nivel local”. Según la carta Esprit du Sel de la red de trueques llamada “Selidaires”, un SEL ofrece la posibilidad de intercambiar de otra manera y libremente, privilegiando el vínculo social más que el bien, a través del respeto de las personas y la valorización de la responsabilidad de cada uno. Puedes leer más sobre el Sel en este artículo de Florent Marcellesi sobre “Sistemas de trueque y moneda complementaria en Francia”.

En este sentido, el SOL, que funciona en Toulouse, Lille, Rennes, Carhaix, París, Nanterre, Fontenay-aux-Roses, Grenoble y Val de Drôme, se concibe como una “reapropiación democrática de la moneda” y  busca dinamizar “los intercambios que tienen sentido” a través de tres objetivos principales: desarrollar una economía con valor añadido ecológico y social; entender la economía como medio y no como fin, y reconocer que cada cual puede intercambiar y crear riqueza. El SOL es una moneda desmaterializada, pues puede utilizarse con una tarjeta con chip o a través de internet, y se plasma en tres instrumentos financieros diferentes. Con el “SOL cooperación”, una persona que compra en euros en estructuras de la economía solidaria adheridas a la iniciativa puede acumular ‘puntos de fidelidad’ que luego podrá gastar en el resto de la red SOL. El “SOL afectado” es una herramienta de ayuda social: mutualidades, colectividades locales o comités de empresa pueden distribuir esos SOL para que, por ejemplo, beneficiarios de la renta mínima puedan tener acceso a modos de consumo alternativos. Por último, el “SOL compromiso” es “una herramienta de intercambio entre personas” que permite potenciar el voluntariado y la reorientación de las actividades hacia ámbitos sociales y ecológicos. Los voluntarios, en contrapartida por su trabajo reciben SOL que les permiten adquirir servicios en el espíritu de los SEL (la referencia del intercambio es el tiempo, 1 SOL = 10 minutos). Como convención, el SOL es igual a 10 céntimos de euros pero a diferencia de la moneda oficial, el SOL es una “moneda perecedera” (o moneda de consumo con interés negativo): con el fin de dinamizar los intercambios a nivel local, se pierden puntos cuando no se utilizan. Su duración de vida es de tres años y su valor disminuye con el tiempo: 15% el primer año, 40% el segundo y 45% el último. Sin embargo, los SOL no desaparecen porque pasan del beneficiario al fondo común que apoya la creación de proyectos solidarios y humanitarios.

Otros ejemplos de monedas complementarias (hay cientos en todo el mundo):

Abeilles, en Villeneuve-sur-Lot, Francia.

Brixton Pounds, en Inglaterra

Berkshare, en Berkshire, Massachusetts, Estados Unidos.

Calgary Dollars, Canadá.

TLALOC en Ciudad de México.

Banco Palmas en Fortaleza, Brasil

CES en África del Sur.

Hanbat LETS en Daejeon, Corea del Sur.

Para saber más:

http://www.complementarycurrency.org/

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Posted in: Stásis