¡No es solo la economía, estúpido!

Posted on 11 Abril 2012

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Philomila Tsoukala | Credit Slips

“Los griegos protestan contra las medidas de austeridad” es un titular común en estos días. Y definitivamente, la frase refleja en parte lo que hacen los griegos que protestan, pero deja fuera de la foto gran parte de lo que ocurre. Muchos griegos protestan no solo por el deterioro de su calidad de vida sino, tan importante como lo anterior, por lo que viven como un recorte de derechos políticos orquestado por el gobierno con la colaboración de los jefes de Estado europeos. La situación en Grecia va a empeorar mucho más, no solo por la economía, sino por las políticas represivas que amenazan con incendiar la sociedad griega.

Para entender la caldera política griega, necesitas ponerte en el lugar de un griego con un salario medio y entender lo que ha vivido durante estos últimos dos años. Imagínalo:

Eres un griego medio. Ganas alrededor de 800 euros al mes en una ciudad en la que el coste de la vida es comparable al de París. Pagas tus impuestos, que son tan altos como en algunos de los estados de bienestar del norte de Europa, pero no recibes ninguno de los servicios que allí se ofrecen. Tu familia es tu red de seguridad. Eres culpable de las corruptelas cotidianas necesarias para sobrevivir en el sistema como, por ejemplo, sobornar a los médicos de los hospitales públicos para que hagan su trabajo. Y apenas consigues llegar a fin de mes. En todas partes a tu alrededor ves evidencias de la prosperidad económica de una clase política confabulada con los círculos de negocios que monopolizan los mercados griegos y mantienen altos los precios. En 2009, el primer ministro, al que votaste en una plataforma que proponía “que los ricos paguen más impuestos” y luchar contra la corrupción, te dice que a causa de que tu salario es demasiado alto y por la ineficacia del sector público, el país necesita un rescate. Los políticos corruptos que han pedido dinero prestado para convertirlo en lucrativos proyectos públicos para ellos mismos y para las compañías que los sobornaron siguen en su lugar. Ninguno ha sido perseguido porque han votado una ley que supone una amnistía para ellos mismos, mientras la prensa extranjera que puedes leer online es un hervidero de escándalos multimillonarios que implican al gobierno y a compañías extranjeras, o al gobierno y los intercambios de tierra con monasterios, o al gobierno y la adquisición corrupta de equipamientos militares a Francia y Alemania.

Para acabar de empeorar las cosas, tu gobierno contribuye generosamente a la descripción que de ti hace la prensa europea como un zángano del sur, demasiado bien pagado, que trabaja demasiado poco y que definitivamente no participa de la ética protestante. El vicepresidente del gobierno te informa de que tú y él os habéis merendado juntos el dinero. Tu gobierno explica, y la troika está de acuerdo, que necesitas ser reformado, mientras la clase política permanece en su lugar. Te empobreces cada vez más. Te enfadas cada vez más.

Respondes uniéndote a otros manifestantes pacíficos en la plaza Sintagma. En 2011, justo antes de que el Parlamento vote un nuevo préstamo, te unes a otros 300.000 griegos para protestar. Sin que hayas sido violento y sin haber estado ni siquiera cerca de la gente que es violenta, la policía te rocía con gas lacrimógeno y te golpea, tal como lo muestran estas imágenes (pueden herir la sensibilidad del espectador). La prensa lo ignora todo y a cambio informa solo sobre los sospechosos habituales que arrojan cócteles Molotov a la policía. Te enfadas más, te empobreces más. Pides que se celebren elecciones, porque crees que el gobierno no está legitimado para tomar las decisiones que está tomando. La misma gente que ha llevado al país al borde del precipicio, y que sigue en su lugar, te dice que las elecciones son peligrosas, que son malas, que son lo que condenará al país. La troika está de acuerdo.

Luego, el gobierno instituye un impuesto sobre la propiedad regresivo que significa, en esencia, que para pagar el impuesto has de perder tu casa, dado que también has perdido tu trabajo. Los arquitectos políticos de este sistema siguen ocupando sus cargos, explicándote por qué TÚ tienes la culpa de todo. Estás tan enfadado que el 28 de octubre, día de fiesta nacional en Grecia para celebrar la Resistencia griega a las amenazas de Mussolini, sales a la calle de tu ciudad con miles de ciudadanos de toda Grecia; gritas, abucheas e incluso persigues a los representantes del gobierno (incluido el presidente de la república). Los medios te etiquetan como “una minoría” y el gobierno te persigue por “insultar a las autoridades públicas”. Justo después de este episodio, tu primer ministro casi origina una crisis financiera global al anunciar que te pedirá tu opinión sobre si quieres firmar un nuevo rescate o no. Las cámaras sorprenden a Sarkozy llamando “loco” a Papandreu. Papandreu pide un voto de confianza, retira la idea del referéndum, se retira a sí mismo y, como si fuera una batuta, le pasa su cargo a un banquero que no ha sido elegido democráticamente que se llama Papademos, un procedimiento que no aparece en ningún lugar en la constitución. Se dice que Papademos es un tecnócrata, no corrupto, en el que confían los europeos. Aún así, como te han amenazado con salir de la Unión Europea, te sientes temporalmente aliviado. Luego, recuerdas que Papademos fue el banquero central griego cuando Grecia cometió el pecado capital de amañar los números. Estás confundido. Rápidamente vuelves a enfadarte.

En febrero de 2012, estás a punto de explotar. Te unes a los 100.000 o 200.000 griegos que protestan frente al Parlamento y ves cómo la policía ataca incluso a los manifestantes pacíficos con gas lacrimógeno con el objetivo aparente de dispersarlos. El único corresponsal extranjero en el lugar (BBC) describe la escena como “un castigo colectivo a una mayoría pacífica”. Los sospechosos habituales rompen y queman, pero a ti ya no te importa. Mientras Atenas arde, el Parlamento adopta el recorte más draconiano, y lo hace en condiciones de clara ruptura política. El ministro de educación repite que celebrar elecciones ahora sería un desastre y el gobierno anuncia que promoverá restricciones a las protestas en el centro de Atenas. Una vez más, se te describe como un irracional, un incontrolado, un niño malcriado que, en vez de recibir de buen grado este merecido azote, pretende mantener sus caros berrinches. O como un sindicalista, a pesar de que has trabajado en el sector privado y nunca has osado participar en una huelga.

Esta vez no puedes empobrecerte mucho más. Pero probablemente sí puedes seguirte enfadando. La próxima vez, también tú estarás listo para coger una piedra y tirársela a la policía.

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Philomila Tsoukala és professora de dret en la Universitat de Georgetown.

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Posted in: Stásis